Los monstruos solo necesitan el lugar. El tiempo no tiene nada que ver. Casi todas las bestias son retratadas como criaturas nocturnas, porque la noche hace el escenario necesario para sus violentos cometidos. Sin embargo, ¿el terror debe esperar a la noche?

MIDSOMMAR, la segunda película del director de Hereditary: Ari Aster. Es la consolidación de una voz potente que llega pisando fuerte en el género del cine de horror. Una voz recibida de brazos abiertos porque así como nos maravilló con Hereditary, hoy viene a deslumbrarnos con su segunda obra, "Midsommar".

Si nos vamos a lo que respecta a la trama, aquí llegamos a un punto que me gustaría mostrar con un poco de ironía. Nos encontramos frente a una historia que a resumidas cuentas parece formulaica y cliché. Un grupo de amigos es invitado por uno de sus integrantes a un viaje a un paraje remoto de Suecia para asistir a una especie de celebración tradicional de una comunidad religiosa, sucedida cada solsticio de verano. Sin embargo, hay elementos que hacen a esta trama un poco diferente, y es algo que me maravilla de Ari Aster. En Hereditary nos encontramos con una trama de maldiciones, un tema súper explorado en el cine de horror. Y en Midsommar nos encontramos con la típica trama del viaje de amigos que sale mal, y con el género de los cultos (aparentemente) malignos. Pero Ari, con su maestría, nos da una obra que tiene un sabor completamente diferente (y mucho más exquisito) que cualquier otra obra del estilo.

Primero, con una estética marcadísima y jamás antes vista en el cine de horror (al menos yo nunca he visto ninguna así), donde hay una enorme concentración en la iluminación solar, en paisajes y escenarios verdes llenos de vegetación, donde casi todos son de tez muy blanca y utilizan ropajes inmaculados, creando una estética llena de fulgor y brillo por doquier, haciendo que cada sombra y cada color contraste con acentuación. Toda la acción (o casi toda) transcurre con esta estética, así que con Midsommar, vivirás esta vez un horror sin rincones oscuros. Y POR SUPUESTO, no nos olvidemos del consolidado y remarcado estilo directorial, de montaje y fotográfico que hay en esta obra al igual que lo hubo en Hereditary, estableciendo así un estilo propio del director. Lleno de cambios de escena sumamente originales y sorprendentes, efectos especiales que exigen tu atención, un manejo increíble de las tomas de cámara congelada y por supuesto, cambios de tono cual puñetazos en el rostro.

No hay ninguna película como Midsommar. Tal vez "The Wicker Man", del año 1973, sería la única capaz de asemejarse un poco con esta tremenda obra de Ari Aster. Las actuaciones geniales, el desarrollo cocido al fuego ideal para darle la textura más sabrosa a la historia. El sonido perfecto (aunque al principio noté un detallito pero aún no sé si era la película o mi archivo).

Estoy emocionadísimo por ver las próximas películas de Ari. Con esta y Hereditary, ya nos ha regalado dos de las mejores películas de horror en lo que va de siglo. Los invito no solo a ver Midsommar, si no también Hereditary y que las vean VARIAS veces. Porque no terminarán de conseguir detalles que están escondidos esperando a ser descubiertos para el deleite del espectador. Podría seguir hablando por párrafos y párrafos de esta genial película, pero tendría que adentrarme en la trama y no quiero arruinarles la experiencia. Vayan ustedes mismos y tomen el mismo sol que nuestros protagonistas, allá en ese remoto lugar de Suecia donde el sol no se oculta y el tiempo pierde sentido.

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