La semana pasada surgió una polémica porque Céline Sciamma y Adèle Haenel, directora y actriz de Retrato de una mujer en llamas, se levantaron y abandonaron la sala Pleyel de París al grito de “viva la pedofilia” cuando anunciaron que Roman Polański ganaba el César a la mejor dirección por El oficial y el espía.

 

Muchos ya estamos familiarizados con todo lo que rodea a dicho director, no es nada nuevo todas las acusaciones de abusos sexuales hacia varias menores y la huida de Estados Unidos. Es un prófugo de la justicia desde hace más de 40 años, un hombre que no ha pagado los crímenes que el mismo ha dicho que cometió.

 

Toda esta polémica surgida en los premios más importantes de Francia ha hecho que todos pongamos el grito en el cielo. No es posible que alguien que haya cometido tales delitos siga con su vida como si no hubiera pasado nada, carece de sentido que siga haciendo películas y que encima le premien. Me hierve la sangre cada vez que pienso que la industria del cine recompensa a un violador pedófilo que no ha pagado por sus crímenes, cada vez que me doy cuenta de que premian a un prófugo de la justicia y que todo el mundo se queda tan ancho. Pero lo peor de todo esto es que encima surja una polémica y se culpe a Céline Sciamma, Adèle Haenel y a todas las personas que siguieron su ejemplo y salieron de los premios, que los acusen de irrespetuosos y que digan que hay que separar la obra del autor.

 

Para mí, y lo tengo muy claro desde el principio, no tiene nada que ver con separar las películas del director, lo que me parece repugnante y carece de lógica es que alguien que haya hecho todo esto siga haciendo cine. Roman Polański tiene películas buenísimas, obras maestras que forman parte de la historia del cine, no voy a discutir eso porque sería ilógico. Lo que digo y defiendo y defenderé hasta la saciedad es que no tiene que seguir haciendo cine y muchísimo menos recibiendo premios. Este señor debería estar en la cárcel cumpliendo condena por todos los delitos que ha cometido, porque un violador no tiene que ser aplaudido ni premiado, y las víctimas no tienen que ser culpabilizadas ni avergonzadas, que por mucho que se repita, parece que a la gente no queda claro.

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